Mi esposo y yo decidimos complementar nuestra familia con un nuevo integrante, un hijo, y digo complementar ya que en la historia de nuestra vida nos han acompañado dos lindos perritos que como decimos, nos hicieron “papás perrunos”.

Ese proceso de complementar nuestra familia fue difícil, más difícil de lo que en su momento nos imaginábamos. Para esa época yo estaba con 35 años y ya llevaba dos años sin planificar. Vivíamos en el exterior y llevábamos las cosas con mucha tranquilidad.  Al regresar a Colombia consultamos varios médicos y nos dijeron que debíamos intentar de forma natural por un año más, ya que estábamos más estables aquí, pero sin lograr nuestro objetivo: quedar embarazados. Después de eso quisimos recurrir a un especialista y nos sometimos a nuestro primer tratamiento de fertilidad. En ese tratamiento me indicaron tomar medicamentos para estimular la ovulación pero eso no dio resultado, luego nos hicimos varias inseminaciones artificiales y tampoco funcionaron.

Pasaron algunos años y siempre con la ilusión de tener un hijo, varias de las parejas amigas quedaban embarazadas y eso nos oprimía el corazón. Principalmente a mí, uno como mujer siempre se castiga con mayor fuerza.

Una familiar de mi esposo nos recomendó INSER como el mejor lugar para hacernos un nuevo tratamiento. La reputación y la experiencia nos motivó a retomar el asunto.

Solicité la cita y dimos inicio a un nuevo proceso, fueron varios ciclos, intentando una y otra cosa. Muchas lágrimas derivadas de los resultados negativos. Mi esposo y yo salíamos a algún lugar público y yo veía las familias con sus bebés felices, eso me hacía sufrir mucho. Cada negativa era una puñalada al corazón y casi al punto de hacerme desistir. En todo este proceso nos acompañó el Dr. Juan Luis, y cuando íbamos a las citas yo lloraba mucho, es más, mi corazón se achiquitaba cada vez que teníamos cita y al llegar a la sede de INSER yo ya estaba con mis emociones a mil. No encontraba consuelo en las palabras del Doctor, ni de mi esposo, yo quería una respuesta a tantos resultados negativos.

Al final de todo ese proceso tan doloroso, porque no puedo decir que fue fácil, de hecho, fue muy difícil, llegó la buena noticia: ¡Estábamos embarazados!

Ahora estoy con mi bebé, Thomas, que hoy está con dos meses y ha alegrado la familia y nuestros corazones.

En conclusión, es un proceso muy difícil, muchas lágrimas de dolor, de desilusión. Hay que sacar fuerzas de donde no se tienen e ilusionarse cuando todas las esperanzas están perdidas. En nuestro caso la recompensa es nuestro hermoso bebé y verlo me hacen pensar que todo valió la pena.

Elizabeth.