Nuestra historia comenzó 4 años atrás, cuando nos preguntamos: ¿Por qué no hemos quedado en embarazo si no estamos usando ningún método para evitarlo?

Mi esposo y yo siempre tuvimos claro que queríamos tener hijos, pero nunca nos imaginamos el camino tan largo de fe, paciencia y perseverancia que tendríamos que recorrer.

Desde muy joven, supe que tenía problemas de ovulación y cuando llegamos a Inser, llegamos solo con ese referente, pero al comenzar la búsqueda, los obstáculos comenzaron a aparecer. No era solo un problema de ovulación; también tenía tiroides, la prolactina alta, una obstrucción en las trompas y hasta tuve que someterme a una cirugía de diagnóstico por endometriosis.

Fidel Cano, no solo fue mi Dr, fue un ángel que siempre nos alentaba para no desfallecer. Hacia todo lo que él me decía, tomaba cada pastilla que me recetaba, me hacía todas las ecografías solicitadas y nada funcionaba.

Varias veces me rendí, sentía miedo y no quería seguir recibiendo respuestas negativas frente a cada diagnóstico.

Después de intentar por medios naturales el embarazo, el Dr consideró hacernos un In victro, a lo que no dudamos en aceptar. Pero también llegó el momento de hacer análisis a mi esposo, ya que se debía considerar la posibilidad de que el tuviera algún problema también. Y así fue, azoospermia fue el diagnóstico. Recuerdo el Dr. en medio de sus charlas diciéndonos: «Se junto el hambre, con las ganas de comer», pero nos decía siempre con mucho positivismo que el no iba a descansar hasta dejarnos en embarazo, que no podíamos desfallecer y que era cuestión de paciencia y sobretodo mucha fe en Dios.

Pero eso no era todo, debido al diagnóstico de mi esposo, debimos considerar un donante; en principio la frustración era inevitable para mí, en cambio mi esposo a pesar de ser algo que impactaba tan directamente a él, siempre se mostró positivo, dispuesto y no dudó en aceptarlo.

Ya habían pasado casi 2 años de búsqueda y ya era hora de comenzar con el tratamiento In-victro 4 ciclos.

1er intento: No pasó nada y la frustración, la desesperanza y el miedo se apoderaba de nosotros.

2do intento: Por un tiempo muy corto fue positivo. La beta salió positiva pero muy baja y el Dr Fidel nos dijo: Se generó un embarazo ectópico. No podíamos creer que esto nos pasará. En ese segundo intento perdí todas las esperanzas, ya estaba cansada de tantas inyecciones, de tener que tomar hasta 15 pastillas al día y no lograr nada. Pero mi esposo, el Dr y todo el excelente grupo de trabajo de Inser me alentaban para continuar y seguir adelante con el proceso, mientras que yo, emocionalmente me sentía destrozada.  Fue así como dejamos pasar un tiempo prudente para recuperarme tanto física, cómo emocionalmente.

3er intento: para ese entonces éramos expertos en el tema. Comenzamos el proceso más tranquilos, trabajamos mucho en el manejo de la ansiedad y sobretodo nunca dejamos de un lado la esperanza de que ese tercer intento sería un positivo.

Nunca olvidaré el día en que me realice la beta. Ese día sabía que era el día y no veía la hora de tener el resultado en mis manos. Y así fue, POSITIVA. La beta estaba altísima y no cabía ninguna duda de que por fin lo habíamos logrado, que después de tanto luchar, de anhelarlo, de perseverar y de pedírselo a Dios en cada oración; 2 milagros de vida se estaban gestando en mi. Si, así fue, 2 hermosos ángeles nacieron 35 semanas después (niño y niña) y hoy puedo decir que vale la pena intentarlo, si lo sueñas, lucha con fe por lograrlo. Si Dios lo quiere en tu vida, hallará la forma para hacer que tú milagro de vida se haga realidad y sabrás que toda la espera y  todo el camino recorrido habrá válido toda la pena.