Aquellos muy allegados a mi han sabido de el gran deseo de ser madre que siempre he tenido, algunos inclusive saben que como artista plástica, la mayoría de mis pinturas tienen que ver con ese hecho. Dos años atrás, decidí que no iba a esperar más a que algún día apareciera el hombre indicado y que tener un hijo con el hombre incorrecto no era una opción.
Como no quería dejar pasar la ventana de fertilidad, tome la muy personal decisión de ser lo que se conoce como “Madre soltera por elección” usando un donante. Sabía que la edad era un factor y que el llamado ‘reloj biológico’ no era un mito, pero aún con 34 años que tenía entonces, honestamente no pensé que estaba embarcando en el recorrido más retador de mi vida. Si, sabía que no estaba en mis 20’s, pero tampoco esperaba se me iba a hacer tan difícil concebir. La verdad es que muchas mujeres y parejas realmente no saben que tan fértiles son o si tienen algún problema hasta que comienzan a intentar quedar embarazados.
En el 2016, fui a dónde un endocrinólogo reproductivo y tuve mi primera inseminación intrauterina. El proceso amerita estimulación hormonal para producir un óvulo, la ovulación es cuidadosamente sincronizada y se inserta la muestra del donante (o pareja en los casos que es con su propia pareja el tratamiento) a través de un catéter directamente al útero. Quedé embarazada en esta oportunidad, pero desafortunadamente tuve una pérdida semanas más tarde. Desde el 2016-2017 tuve un total de 5 inseminaciones, cada una de ellas llenas de mucha esperanza, ilusión, ansiedad y anticipación, y cada fallido y pérdida le echaban un poco más de sal a la herida, pero no estaba lista para rendirme. Así que cada vez me limpiaba las rodillas y me ponía de pie de nuevo.

Sabía que el siguiente paso a intentar era FIV (fertilización in vitro), pero debido a los exorbitantes costos de eso aquí en USA, terminé dando con la fortuna de encontrar InSer, la mejor clínica de fertilidad de Colombia. Desde el primer momento que tuve contacto con la coordinadora de pacientes, Maryuri Salazar, supe que había dado con el lugar correcto. Fui puesta inmediatamente en contacto con el Dr. Sergio Tamayo quien me respondió a todas mis preguntas y se puso a disposición 24/7 por emails y su WhatsApp personal mientras nos comunicábamos a distancia. Se arregló con el banco de donante el traslado de la muestra hasta la clínica en Colombia un mes antes de mi llegada.
Llegué a Medellín el 1ro de febrero y tuve mi primera cita para iniciar el proceso al día siguiente. La fertilización in vitro es un procedimiento extremadamente complejo dónde los ovarios son estimulados para conseguir al menos un óvulo. Esos óvulos son luego captados, fertilizados y transferidos una vez que ya es fertilizado para que pueda implantar. Suena como que si se sigue cada paso no hay problema, pero cada paso es muy estresante; te preocupas de la cantidad de folículos (bolsitas que albergan cada óvulo) que tus ovarios puedan crear, después que el folículo crezca al ritmo indicado para que pueda incrementar las probabilidades que el ovulo este maduro. Después de la captación del ovulo, te preocupas porque el ovulo este lo suficientemente maduro, y que logre fertilizar (cosa que no sucede con garantía), y si logra fertilizar, el embriólogo debe monitorear por días que esté progresando bien.
A través de todo este proceso descubrí que mi reserva ovárica estaba muy baja, como si mis ovarios tuviesen más edad que mi edad actual, lo que hubiese hecho aún muchísimo más difícil el poder concebir si esperaba más tiempo. Era un poco frustrante saber que mi cuerpo solo daba un máximo de 3 óvulos, cuando otras pacientes le sacaban 15, 19 y hasta una tuvo 29 el mismo día de mi captación. Tener más óvulos significaba más oportunidades para intentar, pero mi doctor me aseguraba que sólo necesitaba de un ovulo bueno para poder lograrlo.

Me transfirieron dos embriones en mi primer ciclo de in vitro y quedé embarazada, pero lamentablemente fue otra perdida. No fue muy fácil pasar por otra desilusión estando sola en otro país, pero estoy agradecida por el apoyo constante aún en la distancia de aquellos más cercanos a mi (mis padres, hermana y cuñado) así como todos en la clínica, incluyendo a la Dra. Susana Rodríguez, la maravillosa psicóloga de InSer que siempre estuvo pendiente de mí.
Repetí todo el proceso de nuevo una segunda vez, y me transfirieron dos embriones en marzo. ¡Afortunadamente, un bebecito implantó y se convirtió en mi campeón! Pasé casi 4 meses en Colombia, y pasé por una montaña rusa de emociones. Fue física y mentalmente desgastante, pero todos en la clínica fueron increíbles. Hicieron toda esta experiencia inolvidable. El trato que recibí de los doctores, enfermeras, secretarias y hasta la señora que sirve el café fue único. Después de pasar tanto tiempo allá, de verdad te sientes como en una gran familia, que entiende exactamente por lo que estás pasando, siempre dispuesta a ofrecer un hombro donde llorar y a darte un reconfortante abrazo. Con razón vi en la clínica a parejas de USA, Reino Unido, Australia, Haití, Aruba y de otras partes del mundo.
Aún después de 2 años de pérdidas, luchas y obstáculos, NUNCA perdí las esperanzas, la determinación y lo más importante nunca dejé de aferrarme a la FE de que lograría mi sueño.

Es muy importante para mí compartir la historia completa a pesar de ser tan personal porque creo que toca tres temas tabúes: Mujeres solteras que buscan la maternidad sin una pareja, tratamientos de fertilidad, y pérdidas de embarazo. Especialmente las últimas dos porque nadie habla acerca de este tipo de dificultades y luchas, y cuando estás pasando por ellos, sientes como que si eres la única persona que está atravesando esas dificultades aun cuando es más común de lo que muchos piensan. Te sientes frustrada, inadecuada, como que si es tu culpa, o como que de alguna manera no sirves.

Para todas aquellas mujeres y parejas (porque no siempre es el factor femenino) que están batallando para concebir, sepan que no están solos. No es su culpa, y hay muchas personas que saben exactamente como se sienten. Si eres tú uno de esos, sinceramente te deseo lo mejor y que muy pronto puedas tener ese bebé que tanto deseas.
Esta pequeña vida creciendo dentro de mí, por la que tanto soñé y tanto recé ya me ha enseñado las más grandes lecciones de fe, persistencia y paciencia.
Mi querido niño, con lágrimas corriendo por mis mejillas mientras escribo esto, quiero que sepas que mucho antes de estuvieses calentito acurrucado en mi vientre, vivías en mis sueños y en mi corazón. Gracias a ti, me he dado cuenta de la fortaleza y el fuego que llevo dentro de mí, y de la mujer guerrera que soy. Eres mi prioridad número uno, y mi primera verdadera obra de arte.
A través de ti, Dios decidió enviarme al hombre de mi vida y al amor más grande de todos. ¡Tu mami y el resto de tu familia ya te quieren mucho y están locos por conocerte!