Testimonios

Conoce las historias de nuestras familias InSer.

Lilly y James | Usa

Mi historia en la búsqueda de tener un hijo comienza cuando marido y yo teníamos 2 años de casados.  Mi ilusión desde muy joven era formar una familia. Siempre lo quise así pues vengo de una familia bastante grande. Empezamos a intentar pero no pasaba nada. Al año de estar tratando embarazarme visite a mi ginecólogo. El recomendó unos análisis. Para ese entonces  ya cumpliría 31 años. Los exámenes determinaron que posiblemente  la calidad de mis óvulos no eran muy buenos y producía muy pocos. Fuera de eso tenía una trompa semi-obstruida, lo cual haría  más difícil llegar a embarazarme. Pero el me dijo que todavía era muy joven y que había posibilidades de lograrlo. Para ese momento todavía estábamos tranquilos. Con el paso del tiempo mi angustia empezó a crecer ya que nada pasaba. Nos sometimos a un tratamiento el cual la espera te produce ansiedad. Mi esposo me apoyaba de todas las formas pero internamente me sentía muy triste y me preguntaba porque a mí si mi madre y mis hermanas fueron muy fértiles.  Me cuestione muchísimo en ese momento. Finalmente después de casi 4 años de desesperanza me hice un in vitro el cual resultó en mi primer hijo. Mi hijo milagro. Fue la felicidad más grande del mundo para mi, mi esposo y mi familia. Para ese entonces tenía 35 anos. Me convertí en la mamá más orgullosa del mundo. En ese momento pensábamos solo quedarnos con un hijo ya que el proceso de la búsqueda nos desgastó muchísimo como pareja. Pero con el paso del tiempo miraba a mi hijo y me decía que no podría dejarlo sin un hermanito. Y volvieron los pensamientos de querer una familia grande pero también el miedo de volver a pasar por el mismo proceso y este momento tenía en contra mi edad, no porque sintiera que no se podía sino por  el diagnóstico que tuve unos años atrás que lo haría más difícil. Con el transcurso del tiempo, hablé con mi marido y los dos con mucho miedo e incertidumbre volvimos a empezar el proceso de intentarlo de nuevo. Cuando mi hijo cumplió dos años, regresé donde mi doctor. El me dijo que la única forma que tenía de embarazarme era por medio de un in vitro y que no me aseguraba que funcionaría. Así fue que me sometí a 3 in vitros más añadiéndole una dieta sana, ejercicio para mantener mi cuerpo en buen estado, pero de nuevo la angustia se apoderó de mí. Solo pensaba en eso todo el tiempo. Llegué al punto de que ver parejas con más niños me afectaba emocionalmente o los comentarios imprudentes de otras personas me hacían sentir muy mal. Llegué al punto de mentir y decir que no quería más hijos y que me sentía bien con uno solo, lo cual no era cierto pero era mi mecanismo de defensa para evadir ese tema. Mi marido como siempre a mi lado apoyándome en esos momentos. Finalmente desistimos de buscar un hermanito para nuestro hijo ya que esto estaba afectando nuestra relación diaria como pareja.  Sin embargo para ese entonces empecé hacer acupuntura por 8 meses para relajarme y sentirme mejor, lo cual me ayudó muchísimo. Un día mi esposo en una conversación me dijo: porque no viajamos a tu país y lo intentamos por última vez. En la conversación me dijo que de pronto estando con mi familia y más relajada y fuera de este ambiente por un tiempo podría funcionar. Con millones de dudas y después de pensarlo unos días le dije que si y así fue que viajamos a mi país y me sometí a un tratamiento con un excelente doctor. Para nuestra sorpresa y la de mi familia quede embarazada no solo de uno sino de dos hermosos pequeños. Ahora, a mis 40 años soy la mama más feliz del mundo con un mi hijo mayor de 5 años y mis mellizos de casi 15 meses. Ellos son  el centro de nuestras vidas. Miro hacia atrás y me pongo a pensar todo lo que pasó. Todas mis dudas, mis miedos, la incertidumbre y pienso que la espera y todo lo que viví valió la pena.  En el fondo, nunca perdí la esperanza de ser madre y luché junto con mi marido y mi familia hasta lograrlo. Sin ellos nunca hubiera sucedido. Por supuesto mi vida cambio del cielo a la tierra. Soy la mama más ocupada del mundo pero también la más feliz.  Ahora, doy gracias a Dios, a mi familia y a la ciencia por haberme permitido pasar por este largo camino pues al final valió la pena.

Petición de la Pareja | COLOMBIA

Nosotros somos una pareja de 44 y 39 años, con serios problemas de infertilidad. Mi marido tuvo una parotiditis que lo dejo infértil a los 15 años, su recuento de espermatozoides era casi nulo y yo no tengo sino un cuarto de ovario y endometriosis. Nosotros ya sabíamos de nuestros problemas de infertilidad  desde que nos casamos por lo que cuando tomamos la decisión de tener bebés, buscamos ayuda profesional y nos recomendaron un instituto en Medellín. Cuando fuimos al instituto,  nos recomendaron hacernos el tratamiento por el método ICSI. Desde el momento que uno decide tener un bebé comienza el proceso de aceptar que uno lo quiere tener pero por métodos naturales no lo puede hacer, entonces es cuando uno empieza a averiguar cómo, a donde, quién es la persona o el instituto a donde uno debe recurrir para buscar ayuda. Uno empieza a sentir muchos temores, el primero es si uno finalmente va a lograr quedar embarazado, otro es que si se logra entonces el bebe saldrá sano, antes de esto a uno le angustia que los espermatozoides y los óvulos sean los suficientes y además de la calidad que se necesitan. Si el método que uno está usando  sea seguro para los embriones, que la manipulada de los mismos no genere ningún riesgo. Otro de los temores es si hay dolor en algún momento del tratamiento, también si uno se va a engordar o si va a tener cambios bruscos en el estado de ánimo. Después de tomar la decisión de comenzar, empieza uno a tener angustia por que de pronto no se quede en el primer intento, pero a la vez uno está convencido de que el tratamiento va a funcionar y que el embarazo se va a lograr de una, cuando esto no sucede, la tristeza es muy grande y la pareja se tiene que dar apoyo mutuo, porque si no empiezan a haber inculpaciones de uno u otro lado y eso puede crean un conflicto aun mayor. Después de uno aceptar que este proceso no es fácil hay que tomar la decisión (teniendo en cuenta que sus posibilidades económicas se lo permitan) de intentar cuantas veces sean necesarias, hay que resaltar aquí que el optimismo y la fuerza que nos dio nuestro doctor fueron inmensas, por que el siempre nos dijo: “No se preocupen que de aquí salimos contigo embarazada” y eso es una cosa que a uno nunca se le borra de la mente. Finalmente yo quedé embarazada en el cuarto o quinto intento y cada experiencia fue diferente, en el primero la ansiedad fue horrible, en los dos siguientes la presión de mi esposo y la familia de él para que estuviera quieta fue terrible y en el ultimo yo estuve muy tranquila y se lo entregue a mi Dios y esa fue la vencida. De todas maneras en el proceso entre un tratamiento y otro nos dimos cuenta que mis óvulos no tenían  la calidad que se necesitaba para que se lograra el embarazo, entonces fue allí a donde el doctor nos planteo la posibilidad de usar óvulos donados y nos explico que estos provenían de mujeres donantes que ya habían sido evaluadas por el instituto y que eran mujeres sanas, por que a uno le da angustia de a donde provengan estos óvulos. Realmente para mí fue un poquito angustiante el pensar que los bebes no se iban a parecer a mí, que genéticamente no iban a tener nada mío, pero mi marido me dio mucho apoyo en esto y me dijo que esto era un tema entre los dos y que nunca más volviera a pensar en esto que eso era una cosa relevante, que los bebés se habían formado dentro de mi vientre y eran cien por ciento nuestros, hasta el día de hoy esto lo mantenemos entre mi marido, nuestro doctor y yo, y no estamos interesados en que nadie más lo sepa. Nuestra vida de pareja fue difícil desde el comienzo porque mi marido es un hombre muy emprendedor que todo lo que se propone lo alcanza, entonces el sueño de su vida era tener un hijo y sabiendo su problema de infertilidad, nunca contempló la idea de no poder tenerlo y menos de adoptar. Cuando el embarazo se logró y supimos que eran trillizos fue la felicidad más grande del mundo y como pareja estuvimos muy unidos, siempre los dos pendientes de que todo fuera los mejor para nuestros bebés, cuando estos ya nacieron la vida de pareja cambió radicalmente porque ya somos muchas personas en la casa, porque nuestra vida funciona alrededor de los bebés, pero como pareja cada día nos fortalecemos más. Hoy sabemos que nuestros bebés son los seres más maravillosos que hay en este mundo, que son bebés sanos, inteligentes y llenos de amor. Como consejo les decimos a las parejas que quieran intentar tener bebés por cualquier método que sea el caso, que luchen, que no se den por vencidas, que yo no lo habría logrado si no fuera por la decisión y tenacidad de mi marido y por el optimismo, la calidad humana y el profesionalismo de nuestro doctor y el instituto al que él pertenece. Otro consejo es que las parejas deben estar abiertas a todas las sugerencias que el equipo médico les haga.

Hellen y Henry | Curaçao

Vivir con ganas de tener un bebé no es nada fácil para ninguno de nosotros.  Hemos luchado por más de 15 años por tener un bebé.  A veces perdía la esperanza, preguntando a Dios por qué a nosotros si hay personas que tienen hijos pero no los cuidan. Pero mi esposo me consolaba diciéndome que este mes sí íbamos a lograrlo. Lloraba mucho y a veces mi esposo también. Esto no es nada fácil cada mes uno sigue con la esperanza de quedar embarazada pero no fue así por muchos años. Como pareja le rogamos a Jehová que nos diera aunque sea un solo bebé o si eso no sucedía o no hubiera ninguna posibilidad, que nos ayudara a superarlo. Cómo superarlo: nunca perdimos la fe de que un día Jehová nos bendeciría con un hijo.  Muchas oraciones y súplicas.  Pasé por manos de muchos ginecólogos, pero finalmente vimos una luz y me sentí segura de que esta vez sí íbamos a lograrlo y eso pasó. Ahora tengo 37 años y tenemos nuestro primer bebé. Cómo vivimos el proceso: un poco nerviosos pero seguros de que todo saldría bien, porque el proceso iba muy bien. Mi esposo se preguntaba a sí mismo si lo lograríamos.  Yo me sentía tan segura de que sí íbamos a lograrlo. Nuestro temor era que después de terminar con el proceso algo malo sucediera a nuestro bebé.  La angustia la hemos manejado con nuestras oraciones a Jehová.  Mi vida de pareja antes era normal y feliz, pero sentía que nos faltaba algo, un bebé. Durante y después me sentía bien y segura y mucho más feliz que nunca. Lo que veo hoy en nuestro bebé es amor, alegría, mucha más felicidad.  Llenó lo que nos faltaba.  El consejo que nosotros les daríamos a las parejas es que nunca pierdan la esperanza ni la fe. Sigan luchando por lo que quieren con oración y súplica a Jehová. Mantengan una mente positiva. También que lean el capítulo 1 del 1Samuel 1:2, 20 y capitulo 2:1,21 Lucas 2:36. Si no lo hubiéramos logrado, nos sentiríamos felices de haber luchado hasta el final y poder seguir con nuestra vida normalmente, esperando en Jehová.

Carla y Andrés | Colombia

Hoy tengo la gran oportunidad de compartir mi experiencia personal en lo que ha sido la causa más importante de mi vida, ser mamá. Teniendo 32 años me enfrento a mi imposibilidad para concebir hijos de manera natural,  para una mujer a esta edad y con un gran deseo de ser madre esto puede ser algo así como el diagnóstico de una enfermedad terminal, aunque suene exagerado inicialmente fue muy doloroso para mí pues la maternidad estaba muy ligada a la idea de realización personal y de familia en el que había construido mi plan de vida. Pasados unos meses y de acuerdo con mi esposo decidimos que era el momento de buscar información sobre los mejores institutos y médicos que había en Colombia pues sabía que en estos casos el tiempo es oro. Lo primero que hice fue acudir a mis amigas cercanas para preguntarles si conocían casos de amigas o familiares que pudieran ayudarme y efectivamente encontré información valiosa y ante todo apoyo al comprobar que como yo muchas mujeres han pasado por esta situación y que lejos de ser una especie de condena terminó por convertirse en una experiencia apasionante e inolvidable que ha marcado mi vida y la de toda mi familia. Antes de hacer mi primera consulta sobre procedimientos de fertilización asistida, empecé a acariciar la posibilidad de ser mamá, soñaba con estar embarazada y muchas veces de camino a mi casa sola en mi carro, me repetía una y mil veces en voz alta que yo Sí lograría ser mamá, fue tal vez en esos momentos que me llené de fe y de fuerza para asumir con toda la determinación que haría lo que estuviera a mi alcance para lograrlo. Y es aquí donde empieza un camino de tres años y medio de exámenes, consultas, cirugías, novenas a cuanta santo o santa milagrosa me recomendaran, medicina alternativa; inclusive llegué a pegar una foto de una revista en la que salía un mujer embarazada para que todos los días mientras me preparaba para ir al trabajo esa linda mujer me recordara que sí se podía. Durante esos tres años vivimos momentos muy duros pues mis posibilidades cada vez se veían más lejanas, sin embargo, continuamos ensayando medicamentos y ayudas naturales de esas que recomiendan las abuelas, con la esperanza de que pronto las cosas empezarían a cambiar, pero el tiempo pasaba y cada mes era como la cuenta regresiva que avanzaba sin pausa pero a la vez era un recordatorio de la promesa que tenía en mi corazón y que me hacía perseverar. En mi familia por fortuna encontré todo el apoyo y aunque no llegamos a tocar expresamente el tema de la adopción, era una alternativa que estaba ahí a la espera de lo que pudiera suceder. En mi caso personal sentía un gran alivio el compartir con alguien todo lo que me ocurría, afortunadamente conté con el amor y el apoyo de familia, mi madre, mi hermana y mis amigas más cercanas. Finalmente en su condición de mujeres podían entender un poco mejor mis sentimientos, incondicionales hasta el punto de ofrecerme su vientre para que lograra mi propósito, esas son palabras mayores, un ofrecimiento de esta naturaleza logra conmover las fibras más profundas del amor. Mi esposo, siempre ahí silencioso y paciente esperando el momento en que me derrumbaría, realmente fueron muchos esos momentos en lo que me vi a punto de tirar la toalla pero su presencia y su paciencia fueron su gran aporte. En ocasiones cuando los exámenes daban resultados muy desalentadores yo le decía todo lo contrario “Todo va muy bien, es solo cuestión de paciencia” todavía no sé si él se lo creía… Sin embargo y a pesar de su gran deseo de ser padre, gracias a él éste no era el tema central de nuestra vida en pareja, nuestras conversaciones giraban en torno a muchos otros temas y así la vida transcurría con normalidad aunque en mi cabeza solo estaba la idea de ser mamá… Finalmente y por gracia de Dios y de la ciencia médica mi condición cambio justo en el momento en que ya mis energías y mi optimismo escaseaban, pero de repente surgía la oportunidad de un tercer ciclo de Fertilización In Vitro, jugándome los restos tanto física como emocionalmente, por fortuna para mí, tanto los médicos como mi familia nuevamente se concentraron en esta nueva oportunidad rodeándome con alegría y optimismo. Pues bien, para alegría de todos logramos mi embarazo que entre otras cosas transcurrió con muchos sobresaltos pero no vale la pena entrar en esos detalles pues hoy puedo contarles con emoción y gratitud infinitas que soy madre de un hermoso niño de 1 año. Las emociones y sentimientos de las mujeres alrededor de la maternidad son diferentes y este testimonio únicamente pretende contar una vivencia que puede servir a aliviar en algo la ansiedad que puede llegar a darse en estas situaciones pero el mensaje es solo uno: el amor y la fe pueden con todo, por esto me atrevería a darles unas respetuosas sugerencias a quienes estén iniciando este camino. Entender claramente el diagnóstico y construir una comunicación muy franca con el médico, esto necesariamente incluye una relación de mucha confianza y empatía. Asumir un tratamiento de fertilización asistida como un proyecto que se ejecuta por etapas y que debe ser llevado a cabo con todo el compromiso y disciplina, así como en el caso de un deportista que se entrena para su competencia más importante. Buscar apoyos en el aspecto emocional como la familia, amigos, otras personas o parejas con casos parecidos,  siempre existirá alguien cerca que quiera compartir su experiencia. Mucha comprensión por parte de la familia y apoyo en los momentos definitivos con actitud positiva en cuanto al resultado, los negativos sobran en estos casos. Por último y siendo lo más importante, una FE inquebrantable.

Carolina y Ricardo | Colombia

La infertilidad fue una situación que nos acompañó aproximadamente seis años, pues llevó tiempo detectarla y actuar con respecto a ella.  En los primeros 3 años, a partir de que tomamos la decisión de tener hijos, los exámenes no arrojaban los resultados que permitían detectar las causas que la generaban (aparentemente todo andaba bien) y por ende no se acudió a un tratamiento especial.   No obstante, recurrimos a algunos medicamentos para ayudar a la fecundación y a algunos procedimientos quirúrgicos para preparar mi cuerpo con el fin de lograr el embarazo. La relación de pareja en esta época estuvo muy sensible, pues las relaciones sexuales perdieron en algunos momentos la espontaneidad y libertad que las caracterizaba, al deberlas tener en ciertos días del mes o según la recomendación del médico. Al pasar el tiempo se sospechó que algo tenía que estar pasando, pues a pesar de la vida en pareja, los exámenes, las medicinas y el transcurrir el tiempo no lograba embarazarme.  Como el tiempo pasaba y yo tenía 35 años, la angustia era bastante debido a que en todos los artículos que leía sobre el tema decía que la mejor época para tener hijos sanos, es hasta los 35 años, de ahí en adelante la calidad y cantidad de los óvulos se va deteriorando y aumenta el riesgo. Esta época fue muy dura debido a esto y a que justo en este momento familiares y amigas del colegio y de la universidad quedaban en embarazo, en mi caso tuve 3 sobrinas que quedaron embarazadas y un sobrino tuvo bebé, las mejores amigas del colegio y varias compañeras de trabajo se embarazaron y tuvieron sus hijos, sin contar que con mayor frecuencia me encontraba a donde iba con mujeres embarazadas.  Fue realmente una época muy dura. La ginecóloga de cabecera nos remitió a un centro especializado de fertilidad y allí comenzó otra etapa del proceso de tener hijos.  En dicho centro al fin logré tener mis dos hermosos y saludables bebés, pero allí se vive otra angustia y es que los tratamientos no son operaciones matemáticas que te garanticen que si sumas esto más aquello, obtendrás un embarazo que llegue a feliz término. Esto trae algo de frustración, pues no te explicas por qué siendo una pareja sana, deportista, relativamente joven, te aplicas la medicina y sigue los consejos médicos al pie de la letra, tienes tanta dificultad, con tantos embarazos espontáneos que se logran a tu alrededor.  Sientes una gran impotencia, debido a que es algo que tú no puedes manejar ni controlar, solo hacer hasta cierto punto y el resto dejarlo en manos de Dios.  Esto me dio una gran lección de humildad con respecto a los demás y al mismo Dios. Creo que la clave para que nosotros lográramos un embarazo que culminó con dos hermosos bebés, fue perseverar, no desfallecer, pues para mí era el proyecto más importante de la vida al que logré que mi esposo y yo le apostáramos con constancia, disciplina y con todos los recursos que ello demandó, así tuviéramos a que renunciar a otros importantes para nosotros. Mi esposo al verme tan decida en poner todo lo que estuviera a mi alcance, me apoyó y siempre estuvo a mi lado y contribuyó con todo lo que le correspondía en los tratamientos, así con su amor y consuelo cuando las cosas no iban bien o el resultado era desfavorable. A partir de este momento siento que mi relación de pareja se fortaleció más y que mi esposo hoy me valora y admira más por haber perseverado y haberlo animado a él a continuar sin desfallecer para alcanzar el hermoso y valioso objetivo, pues estaba decidida a apostarle hasta que el médico me dijera no había nada más para hacer. Así que si quieres un bebé, da todo lo que tienes para lograrlo pues en este momento somos un hogar muy feliz. Hoy veo en mis bebés el tesoro más grande que Dios y la vida me han dado y congratulación conmigo misma por no haber desfallecido.

Clara y Miguel | Venezuela

Alcanzar nuestro sueño de formar la familia que tanto anhelábamos no fue un camino fácil. Estuvo lleno de momentos difíciles, de dudas, temores, alegrías, desilusiones, de muchos sinsabores que gracias a Dios tuvieron un final feliz. Después de cinco años de matrimonio decidimos hacer crecer nuestra familia y como cualquier pareja comenzamos por el principio, pero pasaban los meses y yo no lograba quedar embarazada. El tiempo empezaba a ponerse en contra nuestra. Comenzamos visitando mi ginecólogo, quien quiso investigar un poco y descubrió que tendríamos dificultades para lograr un embarazo, por lo que sería mejor ponernos en manos de un especialista en infertilidad. Nuestro primer encuentro no fue nada alentador, más bien, quedamos mi esposo y yo como si no hubiéramos hecho nada. Perdimos nuestro norte y se fueron un poco las ilusiones. Sin embargo, por recomendaciones de algunos amigos, consultamos con otros especialistas en el tema, en ciudades diferentes a la nuestra, pero la desilusión aumentó. Fue una experiencia muy desalentadora, tanto que por dos años desistimos del tema. De todas maneras, teníamos tantos deseos de formar una familia, que volvimos a intentarlo.  Esta vez con un especialista en Medellín. Entonces fue como si el universo nos tuviera algo ya preparado: nosotros, en ese momento sin esperanza, desmotivados y tristes, decidimos encausar todos nuestros sueños en este nuevo intento. Como vivimos fuera de Colombia, nuestro primer contacto fue vía Internet. Enviamos toda nuestra historia clínica y nuestro nuevo especialista se interesó y puso todo su corazón en nuestro caso. Fue así como decidimos regresar por unos días a nuestra ciudad para hacernos los exámenes de rutina y allí empezó toda la historia. Entre un examen y otro, laparoscopia, estudios de semen, de sangre, encontraron que tanto mi marido como yo, teníamos problemas para procrear. Fue un duro golpe para ambos, pero a la vez se nos abrió una puerta porque existía la probabilidad muy alta de lograr un embarazo por inseminación. Realizamos tres procedimientos, más el que habíamos hecho en otra ciudad. Cada respuesta negativa era un portazo en nuestros corazones. Los tratamientos me ponían irritable, triste, cambiaba mi sistema hormonal, tenía muchos sentimientos encontrados, sumados a la ausencia de mi esposo pues como no vivimos en la ciudad donde realizábamos el tratamiento, me sentía sola en esos momentos, a pesar de tener el apoyo de mi familia. Los cuatro intentos fallidos me sumieron en una profunda tristeza, pero a la vez quería seguir intentándolo. Jamás pensamos en desfallecer, era tanto el amor por esos hijos anhelados que estábamos dispuestos a llegar hasta donde pudiéramos física, económica y emocionalmente. Tomamos la decisión de hacernos un in vitro en lugar de seguir con los ciclos de inseminación sugeridos por el médico, pues como él nos decía las posibilidades aumentaban. La preparación para el in vitro tiene una dualidad, pues es experimentar unos cambios físicos y emocionales debidos a la carga hormonal que amerita este tratamiento y que cambia mucho a la mujer. Pero a la vez está la ilusión, y cada inyección que me aplicaba, significaba estar más cerca de abrazar a mi bebé. Era como sentir que desde ya estaba haciendo algo por ese hijo, nuestro gran amor, nuestra prolongación, las sentía como inyecciones de vida. No puedo negar que se pasa por muchos estados anímicos, pero esa luz que estábamos buscando era nuestro mayor aliciente. Fue así, que cuando mi cuerpo estuvo listo para recibir esos embrioncitos, mis hijos, lloramos de felicidad al sentirnos tan cerca de nuestro sueño de formar nuestra familia, de esperar un angelito que iluminaría nuestras vidas. Todo transcurrió normalmente después del primer in vitro. La espera fue interminable, cada día era más largo y la ansiedad se apoderaba de nosotros. Quería llorar, reír, cantar, soñar, volver a llorar. Hasta que llegó el día de la prueba de embarazo. Me hice la prueba de sangre en la mañana, pero el resultado sólo me lo darían en la tarde.  Por sugerencia de mi médico y queriendo calmar un poco mis nervios, me hice una prueba casera la cual fue negativa.  El dolor fue tan enorme que puedo asegurar que estas letras están bañadas con lágrimas. Me derrumbé. Mi esposo estaba fuera del país y me dolió no tener ese abrazo, ese beso, esas palabras de aliento, pero volví a respirar, recé a Dios y visité a mi médico en la mañana para planear el próximo in vitro. Aún faltaba recibir el resultado del examen de sangre, pero como ya tantas veces había recibido respuestas negativas, no quería ni reclamarlo. Sin embargo, fui a la clínica, y cual sorpresa me llevé cuando en vez de ver un simple y escueto 0, aparecía un número mayor, el cual no comprendí.  Pregunté asustada qué significaba y gracias a Dios, estaba embarazada. Llegó nuestro hijo, nuestra ilusión, nuestro sueño.  Esa tristeza matutina se transformó en la alegría más grande que un ser humano pudo haber sentido. Fue una alegría colectiva pues mis seres queridos habían vivido nuestra historia paso a paso, sabían hasta el último detalle de mi vida. Ese día nunca se borrará de nuestra memoria, de nuestros corazones y de nuestras almas. Todo cambió a nuestro alrededor y comenzó la historia de Susana, nuestra princesa Susana que hoy en día es una niña feliz, que llena de gozo cada rincón de nuestro hogar. Es tan grande la magia de concebir un hijo, que jamás nos importaron los sinsabores y tristezas por los que pasamos. Así que volvimos a intentarlo para tener nuestro segundo hijo y entonces llegó nuestra princesa Sofía. Mi esposo estaba un poco renuente a tener un segundo hijo porque Susana fue de muy mal comer desde que nació y esto cambió completamente su vida, pero sabíamos que nuestra familia no estaba completa sin Sofía, así que de nuevo visité a mi médico para ponerme nuevamente en sus manos. Mi esposo accedió, pero esta vez no pasaríamos por tantos tratamientos. Las cosas fueron más fáciles porque ya existía Susana y ese era un gran

Marcela y Álvaro | Canadá

La vida de la mujer en culturas como la nuestra está siempre orientada al ineludible futuro de la maternidad. En nuestras familias el tener hijos no es una cuestión de posibilidades ni mucho menos algo que se ponga en duda; de hecho se nos educa siempre para ser buenas madres y elegir no sólo el momento adecuado sino el compañero más apropiado para ello. Nuestra cultura antioqueña en general nos educa a crecer pensando que lo que se quiere se alcanza, siempre y cuando se luche por ello. No es de extrañar entonces que una pareja joven, con una vida académica exitosa, un matrimonio feliz y una vida profesional promisoria parezcan ser la confirmación de una vida ‘bien vivida’. Es tal vez por eso que tan pronto se contrae matrimonio surge la eterna e infaltable pregunta: ¿Y para cuándo piensan encargar? En nuestro caso, como vivimos fuera del país la infaltable pregunta siempre se concentraba y multiplicaba en nuestros esporádicos viajes al país, al inicio de nuestra vida matrimonial la respuesta era honesta y siempre la misma: “queremos esperar unos cuantos años”. Los años pasaron y en cada viaje a Medellín había siempre unos cuantos amigos o familiares que acababan de tener bebés e intentaban convencernos de que era nuestro turno. En cada viaje la eterna pregunta se repetía cada pero después de unos años más,  venía con menos intensidad. Es como si a medida que pasan los años los amigos y la familia se dieran por vencidos o comenzaran a sospechar que no era una pregunta apropiada. Otro año más pasó y en ese momento que decidimos que era el momento adecuado, comenzamos la preparación e incluso tratamos de calcular el tiempo para que el embarazo no coincidiera con vacaciones o momentos específicos. Los primeros seis meses estuvimos tranquilos y pensamos que era solo una cuestión de tiempo, y de esperar que el cuerpo volviera a su estado natural después de cinco años largos años de contracepción. A los pocos meses llegó un primer retraso y la primera ilusión que se desvaneció pocos días después, seguimos intentando y sin darnos casi cuenta se cumplió un año de que iniciáramos nuestro proyecto. Al año de intentos fallidos consultamos con especialistas en el país en que residimos, todas las respuestas fueron las mismas: “es muy rápido para consultar, les sugerimos que se relajen”. Pasaron los meses y a los seis meses de nuestra consulta inicial, nuestro especialista en reproducción accedió sin mucha convicción a iniciarnos en los primeros tratamientos de infertilidad. Con el inicio de los primeros medicamentos la ilusión y la ansiedad crecían cada mes y la llegada del periodo se convirtió en un momento odiado y temido por ambos. Era como enfrentar una derrota constante y verse obligado mes a mes a reiniciar de un proyecto nuevo sin siquiera alcanzar a hacerle el duelo a la derrota del mes anterior. Después de varios meses de medicamentos sin ningún éxito decidimos tomarnos una pausa e irnos de vacaciones. La idea era re-oxigenarnos y regresar con la energía recargada para comenzar la segunda etapa de los tratamientos, es decir las inseminaciones intrauterinas. Ese corto periodo de descanso nos sirvió mucho como pareja y reavivó de cierta manera la pasión de la vida de pareja  que se había visto afectada por nuestros planes de concepción. Y es que frente a la infertilidad la sexualidad se convierte en una especie de ritual biológico y la espontaneidad se vuelve cosa del pasado y se el romance se disuelve en la rigidez del ‘deber’. Eso es una de las cosas más tristes y a la vez más difíciles de manejar como pareja. Una vez regresamos a nuestro país de residencia, el duro regreso a la realidad no se hizo esperar: es que el mundo continúa y la gente sigue viviendo, la pausa fue sólo para nosotros y nuestro problema. Fue así como al regreso nos esperaba la noticia de un nuevo sobrino en la familia. Se trataba de un nuevo bebé que llegaba no sólo en condiciones poco deseable sino después de poco tiempo de búsqueda. Este fue otro golpe duro para nosotros, uno comienza de inmediato a desfallecer en su fe y a preguntarse a qué obedece la falta de ‘justicia’. Uno se pregunta constantemente: ¿qué estoy haciendo mal?, ¿qué me falta por intentar?, ¿será que no nos hemos relajado lo suficiente?, ¿cuándo será mi turno? o simplemente el fatal: ¿será que esto no es para mí? Hoy, después de varios años de lucha y con la ilusión de nuestra bebé que llega en pocos meses gracias a un in-vitro; podemos mirar hacia atrás con una nueva actitud y reevaluar nuestro proceso de manera más objetiva y desapasionada. Para nosotros lo más valioso de esta dolorosa experiencia ha sido el fortalecimiento de nuestra relación de pareja y el crecimiento espiritual como individuos. El vivir una lucha infructuosa en pareja puede convertirse en una prueba difícil para un joven matrimonio y el deseo de crear una ‘nuevo ser’ juntos puede convertirse en una peligrosa obsesión y una cuestión de ego personal que puede llegar a lastimar la armonía familiar. Nuestro consejo para aquellas parejas que afrontan esta dolorosa realidad es que no olviden una premisa básica: trabajen y fortalezcan la relación de pareja para evitar que el estrés y la angustia que produce la infertilidad resquebrajen los cimientos de la relación. En medio de ese torbellino de emociones es fácil olvidar que en principio la idea es dejar que el amor florezca y tener un nuevo ser que sea testimonio de ese amor. Mirando de manera retrospectiva, algo que nos hubiera ayudado muchísimo era haber descubierto tempranamente que, contrario a lo que creíamos, no éramos los únicos enfrentando este problema. Encontrar una red emocional de apoyo fue el punto determinante en nuestro proceso de fortalecimiento emocional. En mi caso fue una página de Internet la clave que me permitió encontrar una comunidad de mujeres enfrentando mi mismo problema. Igualmente tuve la buena fortuna de encontrar

Esther y Michael | Curaçao

Para muchos puede ser cualquier historia, pero para mí es sin duda la más importante, porque me sucedió a mí.  Me case con un hombre maravilloso al que amaba en ese entonces y al que sigo amando con todo mi corazón. Llevábamos cuatro años casados y nos programamos para tener un bebé, y realmente lo que parecía tan sencillo, resultó ser un camino largo por recorrer… Después de intentarlo durante meses buscamos ayuda profesional.  De pronto mi mente y mi alma se llenaron de dudas, y  lo peor de temores. Todos los diagnósticos apuntaban a que yo tenía problemas, y empezaron  los tratamientos; no fue nada sencillo, al  contrario fue complicado y en algunos momentos doloroso.  En realidad, los dolores físicos no eran lo peor, lo peor era la angustia de ver que cada intento no daba resultado. Por mi mente pasaban muchas cosas, el sentir que de alguna forma le fallaría a ese ser maravilloso que tenía a mi lado como esposo, era lo peor.  El pensar que quizás nunca iba a tener el fruto de nuestro amor creciendo dentro de mí, era frustrante.  El sentir la presión de mi familia que ansiaba la llegada de un nuevo bebé. Todas estas cosas te ponen nerviosa, pero creo que Dios me premió con la mejor de las suertes dándome un ser tan cariñoso y comprensivo. Por él y nada más que por él y aún sin saber que pasaba por su mente, ni cuáles eran sus temores decidí seguir adelante y a quién quiera oír mi testimonio les contaré que Dios, ese ser supremo que siempre está con nosotros puso un ángel en mi camino. El destino, la clínica en Medellín y mi ángel, mi doctor, que con su paciencia y calidad humana empezó a tratarnos y a darnos esa esperanza que en muchas ocasiones creí perder. Tras muchos exámenes, se decidió hacerme una inseminación artificial; tres intentos fallidos, entre ir y venir, porque nos teníamos que desplazar de Manizales a Medellín.  Se tomó la decisión de Inseminación con ICSI y 15 días después lo que tanto anhelábamos se hizo realidad, nuestro sueño crecía dentro de mí; soñaba con mi bebé, quería que se pareciera a su padre, pero algo andaba mal.  Enfermé de toxoplasmosis y hepatitis A e inevitablemente perdí a mi bebé, me quedé otra vez con las manos vacías, y nuevamente a esperar recuperarme, al menos físicamente para volverlo a intentar; la parte psicológica tarda más en sanar, pero también se supera. Así que no había de otra que seguir adelante, y sí, nuevamente ICSI.  Muchos más temores, muchas más dudas, pero para adelante y ahora con más fuerza, porque también lo tenía que hacer por ese bebé que había perdido. Los resultados, maravillosos.  Mi segundo embarazo, no fue nada fácil, fue de alto riesgo; pero hoy cuando miro a mi hijo me doy cuenta que todo valió la pena, que no hay obstáculo que no se pueda superar, que cuando se anhela algo, sólo debes ansiarlo con todo el corazón, que lo más lindo es ver a mi esposo al lado de su hijo enseñándole a crecer y que seguro mi hijo tiene un angelito en el cielo que siempre cuidará y guiará sus pasos, porque además es su hermanito. En todo este proceso de reproducción asistida hay una recompensa y satisfacción muy grande para los futuros padres, y es el estar allí presente y sentir el momento mismo de la concepción, sentir y ver  a cada paso cómo se forma ese nuevo ser que le da todo el sentido maravilloso a tu vida. El sentir su corazón, sin aún tener a tu bebe entre tus brazos. Estoy segura y puedo afirmar sin duda alguna, que esa semilla (así la suelen llamar algunas mamás) para las mujeres que vivimos esta experiencia, desde el primer momento es nuestro hijo, nuestro bebé que cada día crece y crece en nuestro vientre, en nuestra alma y en nuestro corazón.

Ana y Eduardo | Costa Rica

En este momento me encuentro en embarazo, el resultado de un proceso largo y tedioso. En mi caso hace unos 8 años se me diagnosticó hipotiroidismo y se me dijo que con esta condición me iba a ser muy difícil quedar en embarazo y que hasta que esta condición no se normalizara era inclusive mejor evitarlo a toda costa. Esto generó una búsqueda de opciones para manejar este problema pues cuando te dicen que la pastilla que te debes empezar a tomar es para toda la vida suena tétrico. Además en mi caso me mandaron una dosis para comenzar que resultó siendo demasiado alta y ya estaba era pasando a hipertiroidismo. Esto me generó síntomas muy molestos y por esto decidí explorar la medicina natural para ver si por ese lado me iba mejor. Por este lado se lograron erradicar varios problemas y me sentía mucho mejor. El problema era que los exámenes de laboratorio daban una TSH muy por encima del nivel normal. Así que según estos resultados no era posible ni recomendable quedar en embarazo. Finalmente me vi forzada a cambiar de médico porque salí del país y esto generó un gran desajuste, pues ya no me sentía bien y los exámenes seguían muy desfasados. Por último un médico amigo me recomendó acudir de nuevo a un endocrinólogo y así fue. Como ya se sabía que era sensible a la droga, esta se fue incrementando de a poquitos hasta lograr hace unos 4 años tenerla en un nivel normal. Fue entonces cuando comenzamos con mi esposo a intentar quedar en embarazo. Como estábamos en un país nuevo también toco cambiar de ginecólogo y esto fue todo un proceso pues se hicieron algunos exámenes generales y como todo daba bien, se nos dio un año para ver si esto se lograba. No se logró. Después de esto no encontré apoyo en los médicos para investigar qué era lo que estaba pasando, así que cambiaba de doctor, pero era peor porque era como volver a empezar, no valían los exámenes ya hechos. Volvía y se miraba todo lo general, daba normal y comenzábamos otra vez con un año y así sucesivamente. Esto fue haciendo el proceso muy desgastador y doloroso, porque esa sensación cada mes cuando regresa el período y uno comprueba que este mes tampoco fue, es muy complicada de manejar, frustrante y va generando cierta tensión en la pareja. Además hasta cierto punto afecta la vida sexual porque se vuelven condicionadas las relaciones ya que deben ser dentro de ciertos días, etc… Luego de vivir este proceso al ver que no pasaba nada y estaban pasándose los años y el reloj biológico presionando comencé a explorar el mundo de los tratamientos de fertilidad y averiguando con un especialista y consultando entendí que lo mejor era hacer unos exámenes más completos los cuales deberían incluir laparoscopia o la histerosalpingografía. En el país donde yo vivo no pude que ninguno de los dos ginecólogos accediera ni recomendara hacer la laparoscopia, pues decían que si los resultados de la histerosalpingografía habían salido bien y que si las trompas estaban permeables no era necesario hacerla. Así pasó otro año, se hizo un ciclo de tres meses tomando medicamentos para estimular la ovulación y programando las relaciones sexuales de acuerdo a los ultrasonidos que nos iban diciendo como iban creciendo los folículos. Los resultados no fueron exitosos. Mientras que estábamos haciendo estos intentos seguimos averiguando lo de los tratamientos de fertilidad y nos programamos para buscar en nuestras próximas vacaciones una segunda opinión con un especialista que nos habían recomendado mucho pues se nos volvió la prioridad del año ya que yo acababa de cumplir 37 años. El especialista recomendó hacer la laparoscopia, así que eso fue lo primero que se hizo. Al hacer esta se encontró que las trompas de Falopio estaban muy comprometidas y que ambas estaban muy obstruidas. Esto dio lugar a estudiar opciones y se determinó que hacer una inseminación artificial podía no tener buenos resultados pues el paso por las trompas era prácticamente imposible. Fue un proceso doloroso porque aunque estábamos contentos de tener por fin un diagnóstico documentado de lo que estaba pasando esto genera en la mujer un sentimiento de frustración al comprobar que el problema de fertilidad es real. Por otro lado la opción viable en estas circunstancias era la fertilización in Vitro lo cual no lo esperábamos, pues creíamos que lo que íbamos a hacer era inseminación artificial. Así que hubo que pensar y tomar decisiones rápidas, pues como en nuestro país de residencia no era viable la fertilización in Vitro decidimos aprovechar y ya estando lejos programar el primer ciclo de in Vitro. Para esto necesitamos mucho apoyo del personal de la institución en la que trabaja el médico especialista, pues se tienen muchas preguntas. Por un lado es una inversión alta y con la cual no contábamos, por el otro el hacerlo nos representaba tiempo adicional de vacaciones, y lo más difícil es llegar al nivel de confort de que entiendes que es lo que se te va a hacer y vas venciendo los miedos uno a uno. En mi caso no me habían operado nunca así que me daba miedo todo, y aunque parte del miedo ya había sido vencido al hacer la laparoscopia de todas formas cuando te explican los riesgos te da miedo someter a tu cuerpo a este proceso. Nos recomendaron hacer el segundo ciclo lo más pronto que fuera posible, por lo que a los 4 meses estábamos de nuevo intentando. Para mí fue importante este tiempo pues me permitió prepararme mentalmente e inyectar una gran dosis de positivismo de que todo iba a salir bien. Así que desde que viajé estaba en esa frecuencia y cada cosa que hacíamos como por ejemplo la medicina de estimulación de ovulación que te dan antes fue dando muy buenos resultados y así todo iba saliendo muy bien. Cuando se dio la extracción de óvulos también nos fue muy bien

Deborah y Humberto D’abreu De Paulo | Curaçao

I have to admit that at that time I had already given up on the thought of becoming a mom. After a couple of months trying unsuccessfully on our own and based on my history, my gynecologist suggested we do an IVF at In-Ser. He explained to us that he had been working with this clinic for the last six years which had resulted in a very high pregnancy rate for his patients. He said: “Why don’t you give it a try?” My husband immediately agreed and said “Why not? We have nothing to loose, let’s give it a try.” However, I myself was a bit skeptical as this meant that I had to start over again and retell my whole medical history to a “new” doctor. All of you who’ve been trough this process know the emotional rollercoaster ride this brings along. Finally, I agreed to give it a try and we started planning our trip to Medellin. One of the things that caught my attention was that as soon as I contacted Dr. Giraldo via e-mail he responded within the next twenty four hours. This quick response really impressed me because I felt that I was regarded as a patient and not as a number which is usually the case in a lot of (fertility) clinics around the world. From day one my communication was directly with Dr. Giraldo and there were no intermediaries; this was also new to me. We started the first two weeks of the process at home under guidance of my gynecologist and then headed to Medellin. Finalmente, después de dos inseminaciones, la noticia tan ansiada: prueba de embarazo positiva.  Mi reacción: Pánico total.  No debería de haber sido tan “rápido!” Que voy a hacer con un bebé! Mi esposo: tranquilidad total.  Fue hasta cómico.  Me rehusaba a creerlo! Pero era verdad. Fueron 38 semanas de espera, hasta que llegó nuestro bebé, gracias a mi Dios, completamente sano. Todos los días, de estos 27 meses, han sido una aventura. Gracias a mi Dios, tenemos nuestro hijo. Emoción indescriptible.  Preocupación indescriptible. Mi infertilidad es algo que ha marcado nuestra vida para siempre.  Con mi esposo, optamos por sacarle ganancia.  Somos muy cercanos, el uno del otro, nos entendemos. El me ha apoyado, en ningún momento me ha achacado nada. Nuestra vida de pareja ha cambiado mucho, porque se ha convertido a otro plano.  Somos cómplices, “partners”, y sobre todo, orgullosos papás de Julián, que todos los santos días de nuestras vidas, damos infinitas gracias a Dios por este milagro con que hemos sido privilegiados.  Nuestro bebé tiene ya 27 meses, es todo un “hombre”, a quien amamos con mucha más pasión que nos hubiéramos podido imaginar. ¿Dónde estamos ahora? Increíble, pero estamos iniciando nuevamente el proceso.  Deseamos mucho otro hijo.  Por un lado, la tranquilidad que ya tenemos uno.  Pero por el otro, la intranquilidad que ya sabemos lo que es, lo más maravilloso del mundo, y por eso deseamos otro…. Con mucha fe, muchas oraciones, y veremos si Dios nos bendice, a los tres, con un cuarto integrante de nuestra familia… y eso sí, mucho ojo: puede ser más de uno! Y eso si, seríamos felices los cinco, o los seis… Que privilegio.

Testimonio Anónimo

Dear Doctor Natalia, We really don’t know how to express our gratitude for what you have done for us. First, the fact that you are so fluent in English, was of course an important element for our good comprehension for us, as my wife is Colombian, and I am American. But the most important factor was for us your constant devotion, your permanent availability, and your vast knowledge on the forefront of Reproductive Medicine, in addition to your extreme professionalism. With that said, you were not just a specialist Doctor that we were consulting, but also you became a trusted friend for my wife and myself. My wife is forty years old, and I am 70 years young. My wife has pervious surgery to prevent pregnancy after having first three children from a previous marriage – so we were really talking of a difficult pregnancy at high risks. Furthermore, I had a previous marriage where we went a couple of times to a fertility leading clinics in Pittsburgh, Pa, and over ten times in Las Vegas as well without any result other than frustration and financial abuse. So the least to say was that I was apprehensive without showing it! We imposed on you a lot of religious constraints that you dealt with in a very welcoming, and always graceful manner. We truly discovered an angel in you who made everything possible to allow us to be now happily expecting a baby. There has been difficult moments when my wife over reacted to some hormonal preparation medications, and you intelligently found an alternative course. Later we had to choose how many embryos to re-implant and when; and right away,  my wife we would have chosen two embryos on Day 5 – but you advised us to wait two more days in order to see what embryos will grow better. How right and well inspired you were, because the biggest embryos on day 5 (that could have been first choice then),  on day seven were then inert; and the only embryo you selected on that day 7 was a total success. So in addition to all your personal and professional qualities and skills – You have an amazing flair to sense what to do despite the stressful requirements of your amazing job. You always have put first the health of your patient, and succeeded to gently but steadily refused increasing the risky predisposition of my wife by implanting two embryos as she would have preferred – Again what a great call,  because now we can admire the results of all your personal and professional expertise and devotion! Dr. Natalia, you later learned that I am a psychologist and a profiler; so obviously I can pretty much know someone better than they would – and I could be all night continuing enumerating so many amazing things that we have witnessed in you. This is why we are recommending friends from all over the world to only see you for receiving the best care in the world in responsible reproductive medicine. One cannot always succeed in your so complex field, but if and when that might happened: you must know that anyone else could not have succeed better than you to fight against G.od’s plans of natural selection… Forever, we will be indebted to you, and we will be happy to keep in touch with you. Hopefully with the help of G.od, we will be happily sending you pictures by early September (from our new home in Israel) of the great miracle baby gift you gave us in our lives. All the best, and may you be recognized globally one day as the best of your peers! Thank you, with all our respectful admiration, gratitude, friendship, and affection. All the best.

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